sábado, 10 de mayo de 2008

LATIDO URBANO: ENTREVISTA A MUSTAFA AKALAY NASSER POR CÉSAR REQUESÉNS. LA OPINIÓN DE GRANADA ,

lATIDO URBANO: ENTREVISTA A MUSTAFA AKALAY Nasser POR CÉSAR REQUESÉNS. LA OPINIÓN DE GRANADA

Hay una Granada viajera, cosmopolita e inteligente que vive oculta, como si el foco público hollara con su caudal indiscreto que alimenta todo conocimiento genuino.

Ese magma social lo nutren personas como Mustafa Akalay, conocido de muchos como el amable anfitrión del restaurante el “TRAGALUZ”, espacio para la cultura junto al campo del príncipe gracias al tesón de este activista cultural en la urbe “mediterránea” que a su pesar es Granada.

La pasión por lo público le viene ya de niño, cuando en Tánger aún se respiraba el aire internacional y cosmopolita, allá por el 56, un tiempo en que su amigo el escritor Mohamed choukri conoció bien y reflejó mejor en “el pan desnudo” y “en tiempos de errores”.

“Tánger tenía librerías francesas, y lo último que se editaba en música en Nueva York y Paris, por vía de Gibraltar “, dice Mustafa, el que partiera de su tierra a Paris, a estudiar en la gran metrópoli. Este itinerario cultural enriqueció su biografía y fue este acervo el que quiso incorporar a su restaurante granadino el “TRAGALUZ”, donde durante diez años ha ofrecido el saber del círculo de intelectuales que han rodeado la casa y la mesa de Mustafa, donde “la cocina de investigación” es reina.

Poulantzas, Lyotard, Foucault, Bourdieu, Derrida, Said, Chomsky son nombres que surgen de su verbo meloso.

Isabel de Castilla:

Para siempre Jamás

Opinión -

Autor: Francisco Vigueras, Mustafa Akalay Nasser, Emilia Barrio, Maribel Lazaro Y Javier López
Gijón
- Fuente: El Ideal - Granada

Hasta diez veces prometieron cumplir las Capitulaciones de Granada 'para siempre jamás' y no tardaron ni ocho años en romper su compromiso, contraído el 25 de noviembre de 1491: «Nos el Rey e la Reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Cecilia, por la presente aseguramos e prometemos de tener, e guardar e cumplir todo lo contenido en esta capitulación sin fraude alguno. E por seguridad dello, mandamos dar la presente firmada de nuestros nombres e sellada con nuestro sello». Los Reyes Católicos estamparon su firma y sello como garantía de que ellos y sus sucesores respetarían los derechos civiles y religiosos de la población granadina. Era la condición para la entrega de la ciudad, mas todo resultó ser una estratagema, una argucia propia de villanos. Convirtieron lo pactado en una farsa que ponía en entredicho la honorabilidad de sus majestades. Judíos, gitanos y moriscos fueron perseguidos por el nuevo orden, forjado con la cruz y la espada.

Los descendientes de los moriscos expulsados no han olvidado aquella afrenta que transmiten de padres a hijos. Un manuscrito del alfaquí Mursia, familia que conserva su apellido español, la recuerda así: «No ha conocido el Islam, desde la venida de Nuestro Señor Mohammad, una persecución tan implacable como la ejercida por la Tirana de Castilla». Así es como llama a Isabel la Católica, a quien considera principal responsable de esta tragedia: «Hubo alquerías donde los musulmanes se negaron a abrazar la religión de la Cruz y se rebelaron, pero el Tirano, esposo de la Tirana de Castilla, se encargó de aplastarlos con sus tropas, en una cruenta lucha en la que los hombres fueron quemados vivos y las mujeres y lo niños reducidos a la esclavitud».

La situación se hizo insostenible cuando el cardenal Cisneros, por mandato de la reina, les obligó a renegar de su cultura y de su fe: «Un edicto ordenaba la entrega a la autoridad de todos los libros arábigos, amenazando con severos castigos a los que no lo hicieran, lo que puso a los cristianos en posesión de miles de libros del Corán y otras ciencias, que fueron quemados en una plaza pública de Granada a la vista de todo el mundo, Alah nos libre de gente capaz de cometer tamaña atrocidad». Más tarde, nos dice el alfaquí Barhun, Cisneros convocó a los musulmanes para convencerlos del error de su fe y a los que no lograba convencer, que eran la aplastante mayoría, los conducía al alto tribunal de la Inquisición: «Quienes caían en las garras de este tribunal, no tenían escapatoria».

Despojados de tierra y casa, prohibida su lengua, proscrita su forma de orar, de vestir de comer , incluso los más resistentes se vieron empujados a emprender el camino del exilio y, en muchos casos, tuvieron que irse con lo puesto. Más de un millón de musulmanes de origen andalusí viven actualmente en Marruecos y la mayoría, como el hispanista Mohammad Ibn Azzuz Hakim, conservan celosamente su cultura vernácula: «Tengo a mucha honra ser descendiente de una familia que vivió en la villa de Cariatiz (provincia de Almería) y en cuyo árbol genealógico figuran 14 apellidos genuinamente españoles, como Murcia, Alicante, Redondo, Cáceres, Cárdenas, Rellán, Ruiz, Sarriá, Segura, Vera, Marchena, Ponce, Sobras y Abril». Según Azzuz Hakim, el mayor quebrantamiento de las Capitulaciones de 1491 fue el Edicto del 14 de febrero de 1502, por el que los Reyes Católicos disponían la expulsión de los musulmanes granadinos, dándoles un plazo de dos meses para marchar hacia el exilio. Muchos de ellos fueron desposeídos de sus bienes, especialmente la plata y el oro, y tuvieron que malvender sus propiedades.

Otros, cerraron las puertas de sus casas y se llevaron las llaves con ellos. Algunos, todavía las conservan como una reliquia familiar. El hispanista marroquí ha pedido al Rey de España que presida en Granada un acto de desagravio hacia los musulmanes andalusíes, en reparación de aquella expulsión injusta e ilegal que sufrieron sus antepasados hace cinco siglos. Un acto parecido al que ya presidió Juan Carlos I en 1992, con motivo del V Centenario de la expulsión de los judíos sefardíes: «Ambos colectivos tienen el mismo derecho moral a recuperar su identidad histórica en el Estado de Derecho de la España plural de nuestros días y a que se reconozca públicamente el viejo error cometido». Pero, de momento, Azzuz Hakim no ha obtenido respuesta.

Más bien todo lo contrario. Lejos de reconocer la felonía y pedir disculpas, algunos políticos celebran la traición al pacto de las Capitulaciones. El Ayuntamiento de Granada sigue organizando el Día de la Toma con la parafernalia, militar y religiosa, propia de una Cruzada. Y más todavía. La Comisión Estatal de V Centenario pone todo su empeño en vanagloriar a Isabel la Católica, a pesar de la durísima represión que desató contra judíos, gitanos y moriscos, que aún la recuerdan como la Tirana de Castilla. Semejante despropósito sólo merece nuestra más rotunda matización. El incumplimiento de la palabra dada en unas Capitulaciones deshonra a la reina. Un Estado de Derecho y democrático, como el nuestro, no puede legitimar aquella injusticia e ilegalidad histórica. Las Comisiones de los V Centenarios deben de servir para organizar actos de revisión histórica que contemplen las luces y las sombras de los personajes conmemorados. En esta ocasión y una vez más, se vuelve a dividir a los granadinos entre vencedores y vencidos, y Granada pierde otra oportunidad de convertirse en ciudad-símbolo de encuentro multicultural.

domingo, 4 de mayo de 2008

Amores ocultos, Mohamed EL MESSARI

Amores ocultos


TRABAJOS PREMIADOS EN LAS CONVOCATORIAS DEL
PREMIO EDUARDO MENDOZA DE NARRATIVA
2004


Mohamed EL MESSARI
Fue un día señalado aquel en que se enteró nuestro barrio de que Madani, el de la tienda, el hijo de Hachmía, la usurera más vil que se conociera. Un cuarentón decrépito, socarrón, menudo, tuerto y tan tacaño que sus enemigos, y eran legión, aseguraban que el hombre todavía conservaba la calderilla que le dieron el día de su circuncisión
[1]. Aquel ser cuya sola presencia agriaba el ánimo más alegre, el pesetero más sagaz estaba perdidamente enamorado y nada menos que de la más hermosa de las mozas de nuestro barrio, incluidas las nazarenas. Amina, la guapa que suscitaba la admiración de todos los moradores del barrio y no sólo por sus enormes trenzas castañas o por su perfil perfecto, sino porque demostró, tras la muerte de su madre, que era una chica cabal y digna hija de Rahma la Yeblía, la mujer que pudo, con amor y comprensión, liberar la barriada del Fuerte de uno de los maleantes más temidos. Amina, decidió malograr las ilusiones de sus numerosos enamorados dedicando su codiciada juventud a la cría de sus cuatro hermanos.
La noticia corrió entre las callejuelas escarpadas del barrio como la neblina marina en las tardes pegajosas de verano. Todo se supo a raíz de lo ocurrido aquella mañana en el Zoco.
Paco Bukrira
[2], Rhonía la vendedora de hierbabuena, Matilde, la vieja dueña del puesto de chufas y altramuces, Selam el Barbero y el apopléjico Tarifa fueron testigos de primera fila del suceso que pudo haber terminado ensangrentando los adoquines que pavimentaban la calle Maestra María Jaén, justo a la entrada de la Plazoleta.
Cuenta Paco que aún no habían dado las nueve de la mañana cuando Maimón Chonate apareció en la bocacalle. No había mucha gente transitando. Los niños que llenaban la calle de bullicio en esa hora, estaban ya en sus pupitres y el bar de los Rábano estaba aún vacío. Chonate llevaba algo enrollado en un periódico viejo bajo el brazo y se dirigía con paso firme hacía la Plazoleta. Se paró un instante frente a la corroída puerta de la escuela. Parecía estar abstraído, profundamente turbado. Reanudó sus pasos hasta plantarse en la tienda de Madani. Éste presintió algo y se incorporó esperando alguna reacción de Chonate. Con voz estrepitosa, tono amenazador y clavándole unos ojos inyectados de sangre le dijo:
-¡Madani, soy rifeño y muy peligroso!
Una mueca ambigua se desdibujó en el rostro de Madani. No parecía estar demasiado sorprendido, ni atemorizado, pero seguramente esperaba oír todo menos aquella amarga afirmación de Chonate.
Después de un largo y pesado silencio, Madani llegó a balbucir:
-Mira Maimón,...yo soy de aquí y muy pacífico.-respondió con frialdad calculada.
Tal respuesta podría haber desembocado en una larga conversación pero Chonate era por naturaleza parco de palabras y no estaba allí para un regateo verbal. Tenía que pasar de inmediato a la parte práctica de su cometido. Desenrolló lentamente el papel de periódico y con mano trémula sacó una enorme navaja de carnicero. La blandió como si la viera por primera vez y acto seguido la llevó con determinación hasta las mismas narices de Madani.
Éste se espantó, trató de recular pero la mercancía que le rodeaba por todas partes hacía la maniobra imposible. Pensó que si el Chonate quería rajarlo ya lo habría hecho y se quedó tieso como una estatua en una espera interminable. Quiso decir algo, hacer lo que sea pero la situación sobrepasaba su capacidad de reacción y las ideas se le enredaron. En situaciones similares, y sin el frío filo de la navaja por medio, habría puesto el grito en el cielo, posiblemente habría prorrumpido en un sinfín de insultos contra el agresor y como último recurso habría hecho llamar a la pareja de Guardia Civil que estaba en el cuartelillo y que no distaba más de cincuenta metros en la cuesta de la iglesia de San Ildefonso. Esta vez la situación era harto diferente y compleja. El hombre que le apuntaba con la navaja no era un cliente de su madre, ni un simple bravucón de los que merodeaban ociosos por las callejuelas del barrio, sino el ser que engendró a la mujer, que desde hace mucho tiempo le robaba el sueño. Amina, el rayo de luz que iluminaba la vacuidad de su vida. Tampoco podía olvidarse que el hombre al que se enfrentaba le precedía también una fama bastante inquietante. En sus años jóvenes, Chonate era un hombre de mucho cuidado, un camorrista que hacía temblar hasta a los más aguerridos legionarios y un ladrón tan temerario que no dudó una vez en saltar las verjas del cuartel de Artillería para robar piezas de motor y vendérselas a los chatarreros del Sardinero. Pero Chonate ya no es lo que era. Había cambiado mucho desde que un día sus hermanos se pusieron de acuerdo en sacarle del medio en que estaba. Se fueron a El Biut, un pueblo de Anyara, y de allí le trajeron a Rahma, una lozana y bella cabileña, con la misión expresa de llevarlo al buen camino. La Yeblía
[3], como a él gustaba llamar con devoción, lo enderezó con creces. Poco después de su casamiento, incluso antes de que Rahma cayera embarazada de Amina, su conducta y su destino habían cambiado radicalmente. Dejó su vida de haragán jaranero y se consagró por entero a su nueva familia. Se dedicó a la venta ambulante de pescado por otros barrios de la ciudad. Eso lo hacía desde la madrugada hasta el mediodía. Las tardes las dedicaba por entero a su mujer. Se le veía atareado ayudando a Rahma para adecentar la chabola donde vivían; enjalbegando el patio, talando las paletas de chumberas que invadían los espacios abiertos o cuidando de los geranios que florecían por doquier. Sus compinches trataron en vano de persuadirle para que siguiera encabezándoles. Finalmente desistieron dejándolo a su suerte, muy convencidos ellos, de que la “Yeblía” le estaba atiborrando de orejas de burro[4]. De su turbulento pasado sólo quedaban los recuerdos, una ficha policial desbordada y mil tatuajes esparcidos por la geografía de su sólida y formidable corpulencia. La muerte súbita de Rahma de un parto mal asistido, tras más de veinte años de vida común, sumió a Maimón en la más oscura de las desesperaciones. Dejó de oírse su ronca voz pregonando la frescura de caballas, jureles y bogas. Las canastas de caña compañeras de sus fornidos brazos durante muchos años yacían arrinconadas bostezando en el patio, ya abandonado a merced de las chumberas y las malas hierbas. Poco a poco fue frecuentando el bar Manolo, donde paraban algunos de sus antiguos acólitos. Volvía a casa de madrugada arrastrando horrendas borracheras. Chonate pasaba las noches delirando.
Aquel hombre herido en el alma estaba empuñando un arma y parecía importarle poco de dónde era natural su adversario y mucho menos su declarado pacifismo. Él vino a zanjar un asunto y lo estaba haciendo de la manera que mejor sabía.
-Si te atreves a acercarte otra vez a mi hija, juro que te mataré con esto.- lo dijo con inconfundible determinación.
Madani estaba absolutamente anonadado. Le sobrecogía el alma tener un arma letal tan cerca. Él estaba presente en los sucesos más trágicos del barrio, con su ojo sano vio cómo el Gato degollaba como a un cordero el día del Aid El Kebir al hijo del teniente Buzián, por un asunto de faldas y cómo los miembros del clan de los Rábanos cosieron a navajazos a Juan el Tuerto, el gitano más pendenciero del clan de los Luises. Asistió a cruentas peleas entre los borrachines que atestaban el bar del Rubio, pero él nunca se implicó ni fue implicado. Lo máximo que pudo protagonizar fueron las agrias riñas con los endeudados que no respetaban los plazos inflexibles que su madre imponía.
Le abrumaba aún más el ver disiparse como una bocanada de humo por el efecto de una ráfaga de aire el sueño tan largamente acariciado por él; tener muy pronto entre sus brazos a la dulce Amina. Durante meses y meses, Madani, hizo soterradamente lo indecible para tener un hueco entre sus pretendientes, pero fue la más absoluta indeferencia lo que cosechó. Ella no estaba para él, ni para nadie. Desesperado, fue a buscar a Rabea, la vieja casamentera en la barriada de los Rosales. La taimada vieja fue muy cauta con él, no le dio grandes esperanzas y tampoco podía darlas. Al fin y al cabo, ¿qué mujer podría vivir con un ser tan rastrero como Madani? ¿Quién podía desear tener a la marrullera Hachmía como suegra? Eso sí, le sacó muchísimo más dinero de lo que Madani pensaba ofrecerle a cambio de sus servicios. Una tarde, tras el rezo de Al Asr, la vieja apareció por la tienda como simple cliente. Cuando estuvieron a solas, exigió desde el principio que le abonara lo acordado en el primer encuentro y cuando ya tenía los billetes bien anudados en un mugriento pañuelo y el pañuelo sigilosamente guardado en alguna parte debajo de su descolorida chilaba, le dio la noticia más feliz de su vida. Le dijo que la mujer de sus sueños aceptaba casarse con él, pero que ponía dos condiciones: que él se comprometiera ante los adules
[5] a abonarle todos los meses lo necesario para que sus hermanos no les faltara de nada y que no la privara de estar con ellos todo el tiempo que ella quisiera. A pesar de las regañinas de su madre, Madani vencido por su pasión aceptó el trato y como demostración de su buena voluntad le envió como presente con Rabea un anillo de oro, un corte de brocado para hacerse un caftán y unas babuchas cubiertas de terciopelo. Amina rechazó categóricamente el regalo sin siquiera abrir el paquete y le hizo saber, a través de la casamentera, que no había trato sin el consentimiento de su padre y que ella se iba a encargar de hablar con él.
-Paso, paso..
Las voces provenían de fuera de la tienda. Seguramente llamados por alguien, entraron corriendo a la tienda don Alberto el maestro acompañado del faquí Larosi. No hubo necesidad de mediación. Chonate estaba envolviendo la navaja en el papel con la misma lentitud con que la había desenrollado. Pidió paso para salir y los curiosos que se habían agolpado en la puerta de la tienda le despejaron el camino. Se alejó por donde había venido. Madani al fin pudo hablar, se dirigió al faquí como excusándose:
-Yo sólo quería cumplir con mi religión
[6], ¿Es pecaminoso casarme según los preceptos de Alá y Su Mensajero?
El faquí ni le contestó. Junto con don Alberto salieron de la tienda.
En la madrugada del día siguiente, los vecinos de Maimón el Chonate le vieron salir con las dos canastas camino de la lonja.
Tánger, el 12 de junio de 2003
[1] En las fiestas de circuncisión, es costumbre entre los musulmanes dar dinero al niño circuncidado inmediatamente después de la operación. Con ello pretenden mitigar el dolor causado por la operación.
[2] El de la pequeña joroba.
[3] Serrana.
[4] Entre los musulmanes de Ceuta, el consumo de las orejas de burro convertían al más tozudo de los hombres en ser más dócil.
[5] Asesores del Cadí encargados de redactar las actas matrimoniales entre los musulmanes.
[6] En base a un dicho del Profeta el casamiento es considerado entre los musulmanes como parte esencial de la religión.

ISLAM Y LAICIDAD, MUSTAFA AKALAY NASSER





Es necesario abrir un debate público que tienda a ajustar la reflexión a la acción en el ámbito específico del Islam en Europa
[1], más concretamente un debate sobre Islam y Laicidad.
Asumo hablar del tema como un intelectual que vive en un espacio híbrido, fronterizo entre varias culturas y lenguas (passeur culturel o agente de mestizaje de culturas
[2]), y que por convicciones filosóficas ha optado desenvolverse en un espacio laico en su vida cotidiana y no en un espacio de un Islam inmigrado.

1. ISLAM Y LAICIDAD.

El problema del laicismo o la laicidad es para el gran investigador Abdou Filali-Ansary autor del libro: L’ Islam est-il hostile à la laïcité? (1999) un problema que no es nuevo, y lo cita como:
“El problema de la relación entre el Islam y la laicidad se plantea agudamente desde hace más de un siglo. La llegada masiva de los europeos al corazón de los países del sur del Mediterráneo a partir del siglo XX, constituye una fecha importante para tener en cuenta. Los espíritus han comenzado a preguntarse acerca de las particularidades de los sistemas adoptados por los dos partenaires que se enfrentan desde entonces: los musulmanes y los europeos. Es verdad que el enfrentamiento entre los dos se remonta más lejos en la Historia, tanto como el interés mutuo de unos por los otros”
Filali-Ansary, gran conocedor del pensamiento de Ali Abderrazik (juez egipcio) autor de El Islam y los Fundamentos del Poder (1926), expone que siempre hubo en el Islam dos escuelas que se han enfrentado a lo largo de la Historia:
“La relación entre lo religioso y lo político se manifestó sin contestación en la comunidad musulmana a raíz de la muerte del Profeta Mahoma, y continuó alimentando tensiones, oposiciones y divisiones hasta hoy día entre sunníes, chiíes, integristas, musulmanes liberales y otros”
El término “laico” en árabe clásico se traduce por ladiniya (s.XIX y principios del XX), antes de optar por `ilmaniya´ mientras que en la actualidad en Marruecos se adopta el término laikia del francés laïque. Término empleado en especial en la prensa de los partidos políticos de izquierdas. Estamos viendo que no es un concepto nuevo en el Islam, tal y como lo corrobora el gran jurista tunecino Yadh Ben Achour que en 1992 en un monográfico cita que la laicidad es una invención religiosa:
“Sin embargo la paradoja de la laicidad, de una manera general y no simplemente en la historia del cristianismo romano occidental o reformado, es una invención religiosa..., constituye la esencia de la religión. El colmo de la laicidad es la santidad, es decir la pasión del alma religiosa (la fe), tan fuerte que se eleva por encima de los asuntos del mundo, por el retiro (actitud del anacoreta) o por la abnegación al servicio del otro (espíritu caritativo y puramente altruista)”.

Que se encuentra en el corazón de la historia política y cultural del Islam, de ahí que nadie actualmente puede vanagloriarse y erigirse como autoridad laica. Tariq Ramadán expone que laicidad no es incompatible con el Islam, visión que comparte también Muhammad Charfi en su obra Libertad e Islam (2002).
Laicidad es un tema que es recurrente en la historia moderna contemporánea, por ejemplo en los países árabes. Abderrazik hablaba de un Islam moderno, con lo cual se creó una gran polémica en Egipto hacia los años veinte, a raíz de la publicación de su libro anteriormente citado.
[3]
El islamólogo Abdelwahab Meddeb en su libro La Enfermedad del Islam (2003) habla del fenómeno de la europeización del Islam propuesto por Alí Abd ar-Ráziq en lo que sigue:
“Desearía evocar otro ejemplo en el que se manifiesta en lengua árabe este proceso de europeización. Encontramos en efecto la aplicación del método crítico en la obra de otro universitario de al-Azhar, el Sheikh Ali Abd ar-Ráziq (1888-1966), que completó su formación en Oxford. Se dedicó a estudiar el mito del califato y mostró su escasa eficacia en la historia, así como su carácter obsoleto. Escribió el libro coincidiendo con la abolición definitiva del califato (por Kemal Ataturk, en 1924). Abd ar-Ráziq no percibía la desaparición de la venerable institución como una pérdida, pues recomendaba a los musulmanes que reflexionasen sobre sus estructuras políticas teniendo en cuenta la evolución histórica y la aportación de las demás naciones. Evocando a Hobbes y Locke, nuestro ilustrado Sheikh llega incluso a impugnar la elaboración de los principios políticos en el Islam. Evidentemente, tales ideas suscitaron una viva polémica”
[4]
En el Magreb ha existido siempre un debate cíclico en la intelectualidad de la izquierda, como lo prueba la obra de Mondher Sfar donde éste replantea la veracidad del texto coránico: Le Coran est-il authentique? (2000). El ensayista marroquí afincado en París Mohamed al-Mubaraqui en un ensayo crítico: Manchourat Ikhtilaf, nº 3 (1999) desarrolla la problemática del Islam y la Laicidad desde el punto de vista de la izquierda.
En España existe una confusión sobre el término laicidad, hasta tal punto que se tiende a hablar del Estado español como aconfesional, y a veces pluriconfesional.
“(...) En España según la Constitución ninguna religión tiene carácter estatal. Somos un estado aconfesional, es decir, laico, pese a la extraña pirueta conceptual que algunos sectores católicos conservadores quieren hacer afirmando que somos sólo un Estado aconfesional y no laico, como si la aconfesionalidad no fuese en definitiva el contenido sustantivo de la laicidad... Así pues, confundir la confesionalidad oficial con la pluriconfesionalidad oficial, más que separar a las iglesias del Estado, conducirá a un retroceso de la laicidad y a nuevas mezclas y vinculaciones que transformarán a la instituciones y servicios públicos en instrumentos preferentes de aquello para lo que no han sido constitucionalmente establecidos, es decir, el desarrollo de los diferentes credos y la primacía y la promoción de la dimensión pública de lo religioso. Un reto que las tendencias conservadoras de las diferentes confesiones lanzan a la sociedad laica con
La pretensión de recuperar el espacio público perdido desde la Ilustración a nuestros días. Así, se alejaría una vez más de nuestro país la posibilidad de lograr la vigencia plena de una Constitución laica en una sociedad laica, Y la servidumbre establecida sobre la Constitución por los acuerdos con el Vaticano de enero de 1979 tendría una nueva oportunidad de prolongarse, indefinidamente y ampliarse, dando amparo a una situación pluriconfesional no querida por la sociedad constituyente”.
[5][6]
En Francia, Estado laico por antonomasia, aún se sigue debatiendo el problema de la normalización del Islam. Su población de casi siete millones de personas de origen musulmán pide el derecho de reconocimiento de su religión que es la segunda en mayoría en el país galo. Ya han comenzado a trabajar desde el Gobierno en cooperación con asociaciones musulmanas. Se intenta construir un Islam francés:
“La presencia del Islam, que ya se ha convertido en la segunda religión de Europa, hace resurgir otras cuestiones en las que la laicidad propiamente dicha no es la única apuesta en juego: Me limitaré a evocar algunas analogías, en la historia de la religiones cristiana y musulmana que probablemente puedan aclarar algunos fenómenos actuales. Europa no ha logrado cristianizar su propia modernidad ya que la Ilustración se opuso. Sin embargo, modernizó de forma relevante el cristianismo. “Modernizar el Islam o islamizar la modernidad”, esta alternativa la presento por primera vez un pensador musulmán en el exilio, que prefiere no ser nombrado. De la misma manera que en la Europa de ayer, la modernidad se muestra reacia o reservada frente a ciertas manifestaciones islámicas. “El Libro no se toca”, es la respuesta que dan en el caso específico algunos creyentes. Podríamos recordar que en las Sagradas Escrituras no se modificó nada al eliminar la Inquisición, la hoguera, la tortura inflingida a los herejes y algunas otras perversiones de nuestras iglesias. La historia moderna-en la que el colonialismo incide con todo su peso- no ha permitido a la mayor parte de los países islámicos vivir su Siglo de las Luces. El Nahda o Tanzimat, igual que otros intentos importantes de reforma, no han tenido suerte o la posibilidad de tener un resultado satisfactorio. ¿Podemos modernizar, pues, la lectura del Corán sin traicionar su Letra? ¿Hay una nueva lectura posible de las palabras del Profeta? El buscar la respuesta a estas cuestiones depende en primer lugar del mundo musulmán, de su intelectualidad ilustrada. En el fondo tienen buenas razones para desconfiar de nosotros.
Nosotros quizás podríamos ayudarles tratando de evitar ciertas ideas nuestras equivocadas o tendenciosas: el Islam y el islamismo no son lo mismo; el islamismo y el integrismo islámico son cosas diferentes; el integrismo se distingue del fundamentalismo, y en el interior mismo del fundamentalismo existen corrientes místicas por una parte y fanáticas por otra, y son sólo estas últimas las que se convierten en terroristas y asesinas. Estas distinciones ayudarían a rehabilitar a la mayoría de los musulmanes de todo el mundo y hacer la vida más fácil a los que viven a nuestro lado en Europa”.
[7]
El pensamiento del profesor francés Henri Peña Ruiz en sus obras acerca de la laicidad y el anticlericalismo se basa en que es verdad que estamos inmersos en una vorágine de palabras, confusiones, debates, y que hay que ser muy precisos en la argumentación, y no dar lecciones a los demás. Para el citado profesor, cuyos análisis parten de una revisión critica de la historia europea desde los orígenes del cristianismo hasta hoy, ésta nos permite ver una serie de hechos históricos basados en la “santa tolerancia” de la iglesia católica, que en nombre de la Verdad única y absoluta, impuso sus teorías cosmológicas negando la libertad de conciencia y de pensamiento a hombres como Galileo, Giordano Bruno, Pascal, Montaigne, Molière
, Charles Darwin, etc.
En pocas palabras, la laicidad como proyecto filosófico, no promueve directamente el anticlericalismo, ni consiste en un rechazo sistemático del clero; lo que sostiene el laicismo como movimiento social y cívico es que ninguna iglesia, confesión, institución religiosa, debe de disfrutar de privilegios políticos, económicos, culturales en el ámbito de lo público, y que los gobernantes no deben actuar en la elaboración de las leyes al dictado de ningún clero, ni de ninguna iglesia, ya que los Estados y los poderes públicos deben ser neutrales en materia de creencias religiosas
[8].
2.- LOS EFECTOS DEL 11-S EN LA INMIGRACIÓN MUSULMANA: LA SATANIZACIÓN DEL ISLAM.
Desgraciadamente, después del 11-S hemos asistido a una satanización del Islam debida a los columnistas periodísticos: Federico Jiménez Losantos y Antonio Burgos (“El Mundo”) y Pablo Ordaz (“El País”). Este último publicó un artículo lesivo y corrosivo que afectaba a la comunidad musulmana de Granada y cuyo título era: “El Albaicín bajo la sombra de Ben Laden”, en el que desgraciadamente ya estigmatizaba a nuestros hijos (que son ciudadanos españoles), afirmando que en un futuro serían terroristas en potencia.
El arabista Serafín Fanjul y el teólogo-historiador César Vidal se han hecho promotores de un ataque acérrimo contra el Islam y Al-Andalus, demonizando la inmigración musulmana, siguiendo así las huellas de Giovanni Sartori y Orianna Fallaci, agoreros estos últimos de la intelectualización de la xenofobia.
Desde esta fatídica fecha, hay que reconocer que todos los magrebíes y árabes estamos en el ojo del huracán. No es una profunda obsesión paranoica, está demostrado, que existe una exclusión patente en la Administración Pública española al cerrar ésta la posibilidad de acceso a la función pública a todo español de origen magrebí o árabe: es, en cierto modo, el retorno a los fantasmas de la Reconquista ya que se está hablando del enemigo interior o quinta columna:
“Ante todo, el contexto político global, tras el 11 de Septiembre de 2001 y su repercusión sobre inmigración: desde el 11-S, y ante la prioridad absoluta de la <>, las políticas de inmigración han desaparecido- al menos como prioridad- de la agenda, salvo en su vinculación a las cuestiones de home policy o, para decirlo con más claridad y precisión, en su conexión con la dimensión de seguridad y orden público. La primera necesidad, a mi juicio, es revisar esa estigmatización, que produce una regresión aun más perceptible en los países del flanco sur de la Unión Europea en relación con los flujos migratorios de la ribera sur y oriental del Mediterráneo (Magreb y Mashreck)”
[9].
Hay que resaltar que la población inmigrante musulmana en Europa no puede ser vista como un todo homogéneo, sino que procede de países diferentes de áreas geográficas como el Magreb, Oriente Próximo, África Subsahariana, Asía, etc., donde el Islam representa un papel de religión de estado o es la religión de la mayoría. La presencia de esta religión en un entorno no musulmán, pluralista y secularizado, genera nuevas formas de vivirla en los países de acogida, tal y como lo analiza y expone J. Lacomba Vázquez (2001):
“ En la relación que los inmigrantes musulmanes establecen con la sociedad de acogida hay dos factores básico que deben ser tenidos en cuenta: el primero es la posición que pasan a ocupar en su condición de inmigrantes; el segundo, es la categorización que reciben como musulmanes..Como inmigrantes, éstos experimentan la desvalorización y la pérdida de su estatus socioeconómico original...de sentirse o declararse musulmán en un espacio en el que lo islámico se carga de prejuicios y estereotipos..., Así que también puede hablarse de infravaloración del capital cultural... Alrededor del Islam los inmigrantes musulmanes entretejen nuevas solidaridades y encuentran respuestas a las condiciones de la vida migratoria; aunque, para conseguirlo, hayan de reconstruir un Islam adaptado a la situación migratoria y recrear formas de identificación étnica sobre bases no nacionales o lingüísticas
[10]
En los países donde se reconoce jurídicamente a todas las religiones: España, Alemania, Bélgica, Italia, se ve favorecida la legitimación institucional del Islam. Así por ejemplo, la Ley Española del 26 de Enero de 1992 reconoce el culto musulmán a través de la Comisión Islámica que aglutina a la mayoría de las asociaciones musulmanas. El precursor europeo fue el Estado Belga que ya en 1974 reconoce institucionalmente el culto musulmán, y en 1998 es cuando se celebraron las primeras elecciones para la constitución del Ejecutivo Musulmán en este Estado.
La resistencia al reconocimiento del Islam tiene sus orígenes en la ausencia de apertura de las mentalidades y en la existencia de obstáculos institucionales. Discriminación y exclusión social e institucional, des beurs (franceses de origen magrebí) en el caso francés.
Se puede hablar del fundamentalismo laicista en Francia, cuando se intenta prohibir por decreto el símbolo ostensible del hijab o velo. Alain Touraine y Edgar Morin se preguntan si la prohibición del velo es compatible o no con los valores de la República. De ahí, que varios componentes de la Comisión Stasi han denunciado públicamente la prohibición tajante del velo y su instrumentalización por el Presidente Chirac:
“Debo reconocerlo: el modelo europeo en el que crecí, el que emana del Siglo de las Luces francés, y en el que me formé a través de una enseñanza franco-árabe, ha dejado de ser atractivo. Lo comprobé cuando se planteó en las escuelas francesas la cuestión del velo, con gran carga simbólica en Europa.
En mi infancia (en los años cincuenta), en esa ciudadela del Islam que es la medina de Túnez, pude ver cómo las mujeres empezaron a quitarse el velo en nombre de la occidentalización y modernidad.
Entre esas mujeres había esposas, hijas o hermanas de los ulemas que enseñaban en la milenaria universidad teológica de Zeïtuna (una de las tres más importantes del Islam suní, junto con la Qarawiyin de Fez y la de al-Azhar de El Cairo). El que las mujeres se quitaran el velo en el medio conservador, en el que yo he crecido no fue únicamente resultado de la política de emancipación de Burguiba. En el contexto marroquí, más tradicional, Mohamed V había quitado el velo a sus hijas.
Era una modernidad que se sentía en el ambiente, y no sólo por la proximidad de Francia con el Magreb. En todo el mundo árabe, la retirada del velo correspondió a un proceso iniciado desde finales del siglo XIX, con el panfleto de Qásim Amín sobre la sumisión de las mujeres, cuyo símbolo de servidumbre era el velo. Inspirándose en las interpretaciones liberales del Corán propuestas por el Sheikh Mohamed Abduh (1849-1905), Qásim Amín había escrito un opúsculo sobre la liberación de la mujer, Tahrir al- Mar´a; sus ideas movilizaron a las mujeres en un proceso que las llevará a crear el movimiento feminista egipcio en 1925.
Y su presidenta Hoda Sharawi, rechazará oficialmente el velo en 1926. En su obra, Qásim Amín no pide para las mujeres una liberación total; en el caso del velo, por ejemplo propone un velo práctico, que cumpla con las recomendaciones coránicas sin entorpecer la movilidad de las mujeres ni obstaculizar su participación en la actividad de la ciudad. El autor recuerda sobre todo que la opresión ejercida sobre las mujeres no proviene del Islam sino de las costumbres. Esta apreciación coincide con lo que escribía la antropóloga Germaine Tillion, quien a partir de la observación de una región islámica (el macizo montañoso de Aures, en Argelia), situaba en una estructura más amplia el envilecimiento de la condición femenina. Al tratar el tema de las mujeres y el velo, vinculaba <>.
Mencionaba también las razones por la que esta humillante posición ha sido con harta frecuencia, y erróneamente, atribuida al Islam (Germaine Tillion, La condición de la mujer en el área mediterránea. Traducción de A. Fort y C. Huera. Ed. Península. Barcelona, 1993. Pág. 22).
El movimiento que instó a las mujeres a acabar con su reclusión se puede situar en un contexto cultural en vías de occidentalización, que, desde el último cuarto del siglo XIX, ha marcado incluso el pensamiento y la acción de los teólogos. Es el caso del Sheikh Mohamed Abduh, maestro del salafismo (que invoca simultáneamente la modernización y el retorno a los salaf, los piadosos antepasados del primer Islam), y constituye una forma de fundamentalismo que debe distinguirse del integrismo que impera hoy día.


Este Sheikh estaba tanto en contra de la hegemonía europea como del despotismo local. Intentaba adaptar del modo más exacto posible las aportaciones de la civilización occidental a los fundamentos del Islam...
[11]”.
Las luchas para la normalización del Islam en Francia se centran entre los Estados emisores de inmigrantes magrebíes (Marruecos y Argelia) y la corriente wahabista favorecida en su financiación por Arabia Saudí. El Islam va inscribiéndose cada vez más en el paisaje religioso de las sociedades europeas, asemejándose en su religiosidad a las otras iglesias en contra de lo que temen los agoreros del choque de civilizaciones; no será en Europa donde se produzca según lo defiende Bernabé López Garcia en su artículo: “El Islam y la integración. La inmigración en España”.
Se atribuyen al Islam conflictos que son de otra índole. Se convierte en religioso o cultural lo que en muchos casos no es más que un producto de la precariedad, de la exclusión social, de la muerte social, de la discriminación y no integración de esta nueva ciudadanía (hijos de inmigrantes magrebíes y árabes de segunda y tercera generación o beurs)en la Administración Pública, instituciones y estructuras políticas y sindicales; caso de Francia donde en el año 2004 se aplicó la discriminación positiva por primera vez, con el nombramiento de un francés de origen argelino en el cargo de gobernador, desafiando el Ministro del Interior Sarkosy a su Presidente Chirac, ya que este último lo quería designar como Secretario de Estado sin voz ni voto.
El debate interno fundamental para muchos pensadores en el seno de las sociedades musulmanas es el de la tradición y modernidad: Entre el modelo turco y el modelo iraní con nula separación entre Estado y religión. Para no pocos estudiosos de dichas sociedades, la creciente ola integrista que recorre el mundo musulmán, más allá de la retórica antinorteamericana y la falta de solución al conflicto israelo-palestino, se explica por las dificultades que enfrentan a estas sociedades para entrar de lleno en un mundo cada vez más globalizado.
España tiene mucho que decir y aportar a este debate, y aprender de él, y no sólo porque en sus raíces mismas está la huella de la cultura del Islam, sino por su cercanía con el Magreb, y sus múltiples encuentros y desencuentros. La tragedia cotidiana de las pateras, el creciente rechazo a la Inmigración magrebí, hacen de España una pasarela indispensable entre el próspero norte y el sur cada vez más precario.

Termino con una cita del periodista granadino Javier Valenzuela que en su artículo “Euro Islam y wahabismo” ha escrito lo siguiente:
“Esta construcción de un Euro Islam podría hacerse, repito, sin apretar aún más al contribuyente, con tan sólo una ínfima parte de lo que nos gastamos en la Iglesia Católica.En este 25º aniversario de la Constitución, sería un buen modo de reconocer de veras el pluralismo religioso. Pero el gobierno de Aznar está en Babia.
En la Babia por ejemplo de la guerra de Irak, o en la satanización de la inmigración al reducirla a mero problema policial. Lo que necesitamos, en cambio, es una política de estado de integración. Una política cuyo objetivo sea la rápida y plena identificación de los inmigrantes de cualquier procedencia con los valores constitucionales.
La construcción de un Islam español sería un compañero de esa política. La diversidad es saludable siempre y cuando todo el mundo acepte unas reglas comunes de juego. Lo peligroso es el multiculturalismo entendido como un archipiélago de guetos”.
[12]
MUSTAFÁ AKALAY NASSER , PONENCIA: ISLAM Y LAICIDAD, APUNTES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DEBATE, PRESENTADA EN EL SIMPOSIO INTERNACIONAL <>EN EL MARCO DEL PROYECTO EUROPEO “CULTOS Y COHESIÓN SOCIAL” CELEBRADO EL 29 DE ENERO DE 2004 EN EL CENTRO DE ESTUDIOS ISLÁMICOS DE GRANADA
[1] (...) en todo nuestro continente se debate ahora sobre la necesidad de alumbrar lo que se ha dado en llamar un Euro Islam, un Islam que aplicando más el espíritu que la letra del mensaje coránico, sea conforme con los valores de la democracia, los derechos humanos e igualdad de los sexos, y la separación entre Estado y Religión. Valenzuela, J.: “Euro Islam o Wahabismo”. El País, 10 de Diciembre de 2003, pág.25.
[2] “Passeur cultural” término acuñado por el antropólogo americanista-francés Serge Gruzinski: Passeurs culturels.Mécanismes de métissage. Presses universitaires de Marne-la- Vallée. Paris, 2001.
[3] Ali Abd Ar-Ráziq: Al-Islam Wa Usul al-Hukm, El Cairo, 1926; traducción francesa de Abdou Filali-Ansari, L`Islam et les fondements du pouvoir, Paris, La Découverte, 1994.

[4] Meddeb, Abdelwahab, La Enfermedad del Islam, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2003.
[5]Mayoral Cortés, V.: “¿Estado aconfesional o pluriconfesional?”. El Mundo, Opinión. Jueves 15 de Julio de 2004. Págs.4-5

[7] Matvejevic, P., “Europa y la Laicidad”, El País, Opinión, viernes, 18 de junio de 2004, Pág. 14
[8] Cifuentes Pérez, L. Mª: “La Laicidad y la Nueva Europa”. En, redeseducación. Net/laicidadeneuropa.htm, 2004. Pág.3.
[9] De Lucas, J.: “Ciudadanía: La jaula de hierro para la integración de los inmigrantes”. En Inmigración y Procesos de cambio. Icaria Antrazyt. IE Med. Barcelona, 2004. Págs. 2015-16.
[10] Lacomba Vázquez, J.: “El Islam Inmigrado”. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Madrid, 2001, Págs.127-128.
[11] Meddeb, A.: La Enfermedad del Islam. Galaxia Gutemberg. Barcelona, 2003. Págs.44-47.
[12] Valenzuela, J.: “Euro Islam o wahabismo”. El País, 10 de Diciembre de 2003.Pág.2

martes, 29 de abril de 2008

عبد اللطيف شهبون.. مانح الشذى


مانح الشذى
عبداللطيف شهبون


لم تخل جلسة من جلساتنا الإخوانية في منزل فقيدنا العزيز المرحوم الحاج محمد العربي الخنوس بطنجة من إمتاع و مؤانسة.. حتى كادت كل جلسة تنفرد بموضوع ثقافي أو سياسي أو اجتماعي أو شعري..
منذ سبع عشرة سنة- و نحن جلوس بمنزل فقيدنا الحاج العربي- طرح صديقنا الأستاذ إدريس الجبروني ملاحظات نقدية حول خصوصيات شعر أمريكا اللاتينية متوقفا عند تجربة خوسي مارتي (1853-1859), الذي تعرفنا إليه من خلال ما كنا نقرأه في العقد السابع من القرن الماضي من مجلات و جرائد كوبية .. و من كتب خاصة أعماله الكاملة التي كانت توزعها سفارة كوبا دعما لثقافة اليسار.
أنهينا سمرنا الثقافي في منزل المرحوم الحاج العربي, و في اليوم الموالي استثمرت ما دار بيننا من نقاش, فكتبت وقتئذ مقالة أعيد نشرها الآن استذكارا للحاج العربي الخنوس الإنسان الطيب النبيل الكريم..
الذي فتح لنا بيته و قلبه.. و كانت له علينا أفضال..

في العقود الأخيرة من القرن التاسع عشر ارتفع الفن و السياسة في أمريكا صوت خوسي مرتي..؛ شاعر, ناثر, ثوري في الفن و السياسة.. و صاحب رؤية مستقبلية للعالم مكنته من جس نبض فضاءات شعرية غير مستكشفة, و ارتياد آفاق بعيدة لتجربة جماعية منقلبة نحو الداخل ..و معبر عنها بمثل هذه الشهادة الفنية الذاتية:
أنا آت من كل جهات..
ذاهب نحو كل جهات..
أنا فن بين الفنون..
و بين الجبال أنا جبل..
هذا الشاعر/ الساحر التق كنه الأزمة الاجتماعية في زمنه ببعد نظر و حدس مصيب.. فكانت تأملاته مدهشة مصاغة في تراكيب متضادة و غريبة.. تتعايش فيها تفكيكات إبستيمولوجية, و اختراقات لسانية, و تجسيدات نفسية ملمحها الألم و العزلة, و التأمل و الاستنباط الذاتيان المبدعان المتحرران إيديولوجيا و المؤمنان بإنسانية مثالية رومانسية.. في ثوب لغوي يحتفظ بأهم عناصر التقاليد الأدبية للغة الإسبانية: معجما و تركيبا و إقاعا..
و إن الدراسة المقارنة لأشعار خوسيه مرتي بأشعار معاصريه من أمثال:ما نويل غوتييرس تأخيرا, و خوسي أسونثيو سيلفا, و خوليان دلسكال, و روبين دريو لتؤكد و تكشف أنه يقف بمفرده شاهدا ثائرا..
في تراث هذا الشاعر و في حياته نلمس ذلك الربط الجدلي بين الحياة و الفن, لدرجة يصعب معها رسم حدود فاصلة بينهما رجل الفعل و العمل.. و بين الفنان..ثم إن لهذا الارتباط الوثيق صدى في أفكاره و تنظيرا ته.. فقد كان يقول:
عندما لا تصلح اللغة لأن تكون لباسا للشعور النبيل و الفكرة الخالدة فهي مجرد دخان..
إن القصيدة الشعرية يجب أن يكون لها جذر في الأرض و أساس فعل واقعي ملموس..
ليس الشاعر من يجعل النملة تمشي, بل هو ذاك الذي يمنح الشذى, و يرسل الأنوار, و ينادي إلى النصر و إلى الإيمان بالكونية.

نفهمكم سامحونا
في حديث عابر مع الأصدقاء: مزوار الإدريسي, عبد الجليل بادو, أحمد هاشم الريسوني عبرت لهم عن إعجابي بتلك الرسالة التي كتبها غبرييل غرسيا مركيز(*) في ظرفه الصحي الحرج و وجهها إلى أصفيائه..
قال مزوار: تلك الرسالة مشكوك في نسبتها إليه..
قلت له: حتىو لم ينشر رأيه في واقعة الانتحال.. فالأولى أن ندع الرسالة تمر حتى تصل إلى و لو سلمان بوضعها الإنتحالي.. فمعمارها سامق بمعان.. و أحلام.. و ترجمان أشواق..
فعلق عبد الجليل: غبريل مازال حيا, فصولها و غاياتها..
استوقفني في الرسالة المذكورة توجيه غبرييل لما ينبغي أن تكون عليه حياة الناس:
< لو وهبني الله حياة أخرى.. لفكرت في كل ما سأقوله .. و لمنحت الأشياء قيمتها.. و لحملت كثيرا.. و لا رتديت ملابس بسيطة, واستلقيت عاريا من جسدي و من روحي.. و لبرهنت للناس كم يخطئون عندما يعتقدون أنهم لن يكونوا عاشقا متى شاخوا.. سأعلهم أن الموت بفعل النسيان لا بسبب السن..... تعلمت منكم كثيرا.., تعلمت أن الجميع يريد أن يعيش في القمة غير مدرك أن سر السعادة كامن في كيفية الهبوط من فوق.. تعلمت أن الإنسان يحق له النظر- إلى الآخر- من فوق في حالة واحدة فقط, هي حالة توجب مساعدة ذلك الآخر...>
واستوقفني في رسالة مركيز حديث مخصوص دعاني إلى ربطه بعرفانية محي الدين ابن عربي و جلال الدين الرومي.
يقول مركيز:.. لو كنت أعرف أنها المرة الأخيرة التي أراك فيها نائما لأخذتك بين ذراعي و لصليت حتى يجعلني الله حارسا لروحك.. لو كنت أعرف أنها دقائقي الأخيرة معك لقلت: أحبك, و لتجاهلت- بخجل-أنك تعرفين ذلك.>
يؤكد مركيز على أهمية صرح الحب و ضرورة الحفاظ عليه.. فيحيلني عاى رسالة كتبها مولانا جلال الدين الرومي برغبة فائضة إلى ابنه "سلطان ولد" بشأن بنت صلاح الدين زركوب و التي تزوج بها.. حاثا إياه على العيش مشغوفا بمن في خلده, لأن من أحب شخصا, و أنس به, و سكن إليه, فمحبته في حقيقة الأمر لله تعالى, ذلك أن جميع الجمالات الأرضية ليست سوى انعكاسا لجمال السماء و الجمال الإلاهي..
و هذه المعاني يؤكد عليها الكبريت الأحمر محي الدين ابن عربي الذي يعتبر الحب الإنساني منهاجا للحب الرباني.. و بواسطته يعرج الإنسان من الأرض إلى السماء..
و بما أن مبعث الحب سكينة و محركه شوق.. يقول مركيز:
.. احفظوا ا قرباء كم ممن تحبون.. خذوا وقتا كافيا كي تقولوا لهم: نفهمكم سامحونا...

الى صديقي العزيز ..عاشق الجماليات// عبد اللطيف شهبون


عروة الإبداع
إلى صديقي العزيز محمد العربي الخنوس عاشق الجماليات الشعرية..
تحت تأثير التركيز الزمني و التكثيف العاطفي, يكتب الشاعر قصائده و هو في درجة عالية من التوتر.., يكتبها بمداد قلبه مانحا إياها قوة إيحائية و نفسا مولدا..
يلتقط القارئ ما يكتبه الشاعر.. يتفحص كلماته فيتعرف إلى نبضات قلب الكتابة مكتشفا توترها رابطا ذلك بحساسيته الخاصة..
ينقل الشاعر تجربته فيصيرها القارئ الشغوف تجربته خاصة به بعد أن يتسلل إلى ذبذبات كلمات الشاعر مسقطا عليها شعوره الذاتي، و ما يجري في كتاب حياته.
تنادي القصيدة الجيدة قارئها المختار.. كي يجس نبضها، و يبادلها مشاعرها مثلما يقع و يحدث في مقام العشق..
هذه الطاقة السحرية الخفية العصية التي تحرك الشعراء و القراء, و تدعوهم إلى البحث في الكلمات و القلوب عن لقاءات مدهشة متجهة نحو مركز الذاكرة لإيقاظ ما هو كامن في طبقاتها.. واستمالة ما هو ثاو في أغوار النفس الولهة من رغبة في تلقي الجماليات الشعرية: مثل دم أو قلب يخفق داخل قلب..
يسمع القارئ إنشادات الشاعر, و يرى كيف تنمو و تنبسط إفاداته.. يعيد نظراته فيما يقرأه من أشعار و يرافق ذلك بذكائه و حسه..
تحت تأثير الكلمات الساحرة يتحد الشاعر و القارئ.. و تحت عجلات الفضاء الزمني يحيلان المستحيل ممكنا.. و الممكن أفقا.. و يحييان سويا إيقاع البيان السحري و أصداءه.. قبل الرحيل عن هذا العالم القاسي و اللاشعري...


domingo, 27 de abril de 2008

BAILANDO EN TÁNGER

Bailando en Tánger
DIARIO SUR / CULTURA Y ESPECTÁCULOS
JOSE A. GARRIGA VELA

La Medina De Tánger
Estamos en Tánger. Hemos venido aquí para asistir a unas jornadas literarias organizadas por el Instituto Municipal del Libro que dirige Alfredo Taján y el Instituto Cervantes de Tánger dirigido por Arturo Lorenzo. Sopla el viento del Este en una ciudad en la que se encuentran el Atlántico y el Mediterráneo, las aguas se mezclan, una ciudad hecha de una sucesión de colinas, envuelta en leyendas, enigma suave e incomprensible. Ciudad del Estrecho en que reinan el viento, la pereza y la ingratitud. Eso dice Tahar Ben Jelloun en su novela: 'Día de silencio en Tánger'. Paseo por las calles de Tánger con amigos de Málaga. El mismo mar. Apenas dormimos en Tánger: «Los que están despiertos tienen un solo mundo que les es común; los que entretanto duermen se introduce cada uno en su mundo particular». Nos acostamos muy tarde. Nos gustaría no dormir. El mundo cabe en una ciudad. El mundo, ahora, es Tánger.
Alfredo Taján me lleva a conocer el Titánic. Alfredo ha encontrado una simbología entre el trasatlántico hundido y el Teatro Cervantes de Tánger. Una joya arquitectónica de 1913. Un teatro en ruinas. La belleza pudriéndose delante de nosotros. El arte y la piedra desmoronándose ante la impasible mirada del gobierno español. Un Titánic hundido en las aguas cenagosas del olvido. El gobierno español tiene la titularidad del teatro. Aquí estuvo el glamour. Por aquí pasaron los mejores artistas del siglo XX. Cuando Tánger era el centro del mundo y los escritores se reunían en los cafés del boulevard. Cuando el Teatro Cervantes aún no se había convertido en este bello cadáver descompuesto.Por estas callejuelas por las que ahora paseamos estuvo Mohamed Chukri. Cuando Mohamed Chukri dormía en los cementerios y aprendía a leer con veinte años sobre la tumba desconocida de su hermano en Tánger. Ahora somos escritores malagueños y marroquíes los que nos comunicamos con el lenguaje universal de la literatura. Días de palabras en Tánger. Palabras de Jesús Aguado, Mustafa Akalay, Regina Álvarez, Pablo Aranda, Francisco Chica, Francisco Cumpián, Driss Jebrouni, Mezouar El Idrissi, Carlos Font, Álvaro García, Antonio Gómez Yebra, José Antonio Hergueta, Khalid Raissouni, Tomás Ramírez, Abdelouahid Torres y Ahmed Tribak Ahmed. La luna llena de Tánger. Una esfera blanca. Blanca Machuca, Pablo Aranda y yo dedicándonos al interiorismo. Los tres diseñamos y diseccionamos la noche. Un chiste privado. La noche en las ciudades siempre se convierte en un chiste privado. Somos los confidentes de la noche. Los tres damos ideas al canalla que llevamos dentro.
Ahora veo a Alfredo Taján en el Hotel Continental. Lo veo entre figuras de otro tiempo. Viajeros y artistas. Bellos y malditos. Lo veo entre estanterías y cuartos plagados de objetos antiguos. Los abalorios del tiempo y la aventura. Veo a Paco Cumpián recitando un poema en uno de los salones vacíos del hotel. La magia de la ciudad comprimida en unos segundos. Unos versos. La salmodia de la oración. Veo a Malika sentada a mi lado en el restaurante Marcello. Me habla del sueño plácido de la muerte. Las buenas personas siempre duermen felices y así habrán de seguir cuando se hayan ido para siempre. La muerte es sueño, me dice Malika. Luego bailamos sobre lo que queda del día. Bailamos los hombres y las mujeres. Baila, Natalia. Bailamos sobre el silencio de las palabras. Bailamos antes de que el mundo se acabe. Algunos bebemos como si las reservas de alcohol de Tánger estuvieran a punto de extinguirse. Bebemos hasta quedarnos sin blanca. Está bien que sea así. Siempre he desconfiado de los abstemios. El mismo mar, la misma noche, nos une a unos y a otros. Los vasos comunicantes de la noche de Tánger. Nuestra aliada. Mientras Regina, Sinuhée y Guillermo ordenan el material que han filmado durante el día. Veo los jardines del consulado de España. El cónsul y su mujer obsequiándonos con aperitivos típicos de Extremadura. No se olvidan los sabores de la infancia. La patria del paladar. La embajada es vuestra casa, nos dicen, vosotros la pagáis con vuestros impuestos. Pero somos prudentes y ninguno de nosotros se queda a dormir en la embajada.
Ahora Pablo Aranda y yo estamos ante un centenar de futuros profesores de español. Un grupo de estudiantes que nos lanzan cargas de profundidad en sus preguntas. Mujeres y hombres que escuchan con un respeto imponente. Creo que aprendimos más nosotros que ellos. La humildad y el respeto, el interés y la cultura no se compran en los comercios de Occidente. No se expone en los escaparates. No se pide por encargo. Yo lo encontré en el Centro Pedagógico Regional de Tánger la tarde del 11 de mayo. Luego lo seguí encontrando en la lectura de poemas del Museo de Arte Contemporáneo. Los versos de Álvaro García y Jesús Aguado traducidos al árabe. La música de las palabras. El misterio. Las dos orillas del lenguaje. Más tarde, la noche. Otra vez, la noche. Los espejos de las discotecas. Las chicas mirándose en los espejos. Solas frente a sí mismas y el vértigo de la madrugada. El vodka con hielo. Los bailes en casa de Arturo y Malika. Las reservas de alcohol que de nuevo se agotan.
Cruzamos el Estrecho. El viento empuja el mar. Despierta las voces de los muertos. Oigo a una de esas voces que me dice:
-¿Vas a escribir de las noches de Tánger?
-Es posible -respondo-. Pero voy a escribir también del amor a las palabras. El amor al viaje maldito de las palabras y el cuerpo. El cuerpo es el festín de Tánger. Homenajearlo es el principio y el fin. Nos llega servido en una fuente, con el sol o la luna. Los días y las noches de Tánger me han hecho perder el miedo a la vida. No temo al mañana triste y condenado. No temo al careo de la policía. El careo de la muerte. Bailo sobre la tumba de Chukri. Cuando la experiencia supera el arrepentimiento, desaparece la culpa.

lunes, 21 de abril de 2008

Conversacion con… Mustafá Akalay Nasser

Mustafa Akalay,José Luis Pardo

Conversacion con… Mustafá Akalay


Joaquin Mayordomo
Pocos, quizá, como Mustafa Akalay Nasser (Tánger, 1955) para analizar desde dentro —él vive a diario inmerso entre dos culturas—, lo que a estas alturas del Foro Observatorio Tánger Tarifa (FOTT) se acepta ya como una de las claves de estos encuentros y conferencias. A saber: la dificultad de acercase unos a otros a partir de los análisis diferentes que se hacen de la realidad que se muestra hoy en fenómenos como la inmigración en Europa, la guerra entre Israel y Palestina, la invasión de Irak y, en un plano más próximo e inquietante para los ciudadanos que creen en la democracia, los atentados de Al Queda en Nueva York, Madrid y Londres. Todo ello ahí, mezclado en un cóctel de acontecimientos e ideas, analizado en el Foro por unos foristas deseosos, sin embargo, de entenderse. También este cóctel es objeto de estudio de numerosos pensadores y aireado por voces que se escuchan desde los cuatro puntos cardinales, y cuyos ecos han llegado hasta el Foro para constatar, una vez más, que, realmente, lo que imposibilita un encuentro profundo, libre, fluido, que haga seguir avanzando en el entendimiento, no es la falta de voluntad, sino esa incapacidad para hallar un lenguaje común, nuevo, que nazca libre de ataduras a partir de la razón; de la Razón, sí, con mayúsculas. “Porque la razón” recalca Mustafa Akalay, como antes lo hicieron otros ponentes que han pasado por el FOTT, “no es criatura de nadie; ni cristiana ni musulmana, ni de derechas ni de izquierdas. Es la razón, a secas”.
Mustafa Akalay tuvo la suerte de vivir una infancia “particular y fecunda” en aquellos últimos coletazos del Tánger internacional de los años cincuenta que reunió a gente de todo el mundo, en especial a una variopinta y original tribu europea. Aprendió las primeras palabras en español con los empleados de la empresa de carpintería de su padre; un idioma que luego perfeccionó en el instituto. Tras el bachillerato comenzó a estudiar Ciencias Políticas en Rabat, pero tuvo que marcharse a Francia muy pronto ya que “la escasa apertura que vislumbrábamos en aquellos primeros años setenta quienes nos creíamos de izquierdas, quedó pronto cercenada”, explica cuando cuenta cómo acabó en la Universidad de París estudiando Urbanismo, Sociología, Filosofía... “De todo un poco, pues me considero un hombre curioso y ecléctico... Un heterodoxo también, en lo que a formación se refiere”.



Hace 14 años, Akalay recaló en Granada, donde trabajó en el centro de estudios antropológicos Ángel Ganivet, durante cinco años. Luego abrió un restaurante, El Tragaluz, que pretende ser, según él, “un espacio de encuentro y referencia intercultural”. Ahora, desde la ciudad de la Alambra ejerce de promotor cultural o de agente de cooperación, según los casos, entre las dos orillas. Está casado con una española que conoció en París. “Con una cántabra” precisa él, con la que tiene un hijo adolescente que “no es marroquí ni español solamente; ni cántabro, ni cristiano, ni musulmán... De ninguna religión en exclusiva. Mi hijo, más bien, es hijo del hip-hop, de la play station, del móvil y de las zapatillas de marca; de las cosas propias de su edad y de su tiempo, en definitiva”, comenta mientras sonríe. España, Marruecos y Francia son los tres espacios geográficos que Mustafa frecuenta y recorre cíclicamente y, “en los tres”, insiste, “me muevo cómodamente porque hace ya tiempo que llegué a la conclusión de que para entenderse con cualquier persona, sea de la raza que sea, tenga la religión que tenga, es necesario emplear la razón y practicar la laicidad; laicidad y razón, los dos argumentos que, entiendo, son los pilares que van a permitirnos construir el edificio de nuestra futura convivencia en el espacio público europeo”.
Mustafa Akalay es un referente también para el FOTT. Con él intentamos penetrar en esta tela de araña que cada día, un poco más, enreda a Europa. Una Europa que parece que empieza a vislumbrar ya cuales son dos de sus problemas más acuciantes: la inmigración no asimilada a una sociedad occidental complaciente y bienintencionada que por momentos se resquebraja, y un integrismo islámico in crescendo al que los poderes públicos no saben como atajar.
Akalay, sin embargo, tiene ocasión a diario de discutir sobre estas cuestiones con españoles, franceses y marroquíes; cristianos y musulmanes de distinta condición; creyentes o no... Todos enmadejados entre ideologías y creencias. La mayoría atrapados en lo que es una de las inclinaciones humanas más pertinaces y contagiosa a la hora de manifestarse: el deseo de atribuirle a la fe funciones sociales y de mezclarlo todo, donde la fantasía y la razón se confunden. “Por eso se desconfía de nosotros, de los que hemos nacido bajo la fe del islam, y se nos cataloga como musulmanes fanáticos sin más. No se nos da opción ni se acepta sobre nosotros la duda; no creen los occidentales que podamos ser ciudadanos a secas. A quienes profesan la fe musulmana se les niega la posibilidad de participar en la vida política porque se les juzga de antemano...”, recalca, dolido, Akalay.


—Pero ¿no es cierto que la mayoría de los musulmanes utilizan la religión como instrumento político, dejando a un lado cualquier otro valor?Sí, puede que sea así; que, en cierto modo, sea esto verdad... Pero los que no somos así, los que hemos optado por el laicismo y entendemos que la razón, como ya he dicho antes, es el único campo neutral en el que podremos entendernos, tampoco tenemos demasiadas oportunidades para trabajar en el espacio público y, en última instancia, para incorporarnos en igualdad de condiciones a la sociedad occidental. Por eso habría que preguntarse por qué está en boga el integrismo.



—¿Por qué?


Por la exclusión social, sobre todo. Europa no se ha enterado, o no ha querido enterarse todavía, que, cuando después de tres generaciones, miles de personas en Francia, Holanda, Alemania, Inglaterra, y ahora en España, sienten que son marginadas, que son consideradas ciudadanos de segunda categoría, que tienen dificultades para acceder al empleo y a la actividad pública, lo normal es que busquen opciones que les ayuden a reivindicar su identidad y a reforzar su autoestima. Eso, lo primero. Y entonces apelan a aquellos valores que les son conocidos, lógicamente. Y si descubren que viviendo de acuerdo con éstos se hacen más fuertes, o por lo menos le encuentran sentido a sus vidas, mejor. ¡Ya está el caldo de cultivo! ¡No hay más que hablar!
—O sea, que el islamismo, a la postre, es una forma de respuesta ideológica para combatir la desigualdad y la injusticia.


Algo así. Recuérdese, por ejemplo, como las primeras generaciones de inmigrantes en Francia llegaban dispuestas a asumir los valores de la República y a integrarse. De hecho, aquellos padres de familia marroquíes y argelinos les decían a sus hijos —lo cuenta muy bien Fadela Amara en su libro Ni putas ni sumisas—, que debían respetar al país de acogida; les inculcaban los valores occidentales. Y, aunque eran musulmanes, las relaciones sociales con los otros, con los europeos, eran más permeables que ahora; las chicas no llevaban velo, se relacionaban con cierta tolerancia con los chicos, podían salir, e, incluso, participar en la vida comunitaria y en las organizaciones que representaban entonces a los movimientos más progresistas. Pero a medida que estos barrios fueron convirtiéndose en guetos, cuando llegó el desempleo y se acentuó la exclusión, emergieron las señas de identidad del Islam, promovidas, eso sí, por grupos interesados y a la vez consentidos y apoyados –esto es lo que casi nunca se cuenta— por las propias instituciones en muchos casos, que veían en aquel movimiento religioso-integrista una forma de control eficaz sobre aquellos grupos de población que empezaban a incomodar al poder con sus reivindicaciones. De hecho, lo cuenta también Fadela Amara, muchas de las subvenciones institucionales que hasta entonces iban a parar a las organizaciones sociales de los barrios, pasaron, de la noche a la mañana, a manos de estas organizaciones islámicas bajo el control de los imanes.
—Y en este contexto, ¿cuál es su opinión sobre el velo?Para mi el velo es un signo de opresión a la mujer, en general. Pero no de ahora, ¡ojo!; de siempre. También las mujeres cristianas lo llevaron o se cubrieron con algo similar la cabeza... El problema es que hoy se ha convertido en emblema religioso de opresión y militancia, que choca de frente con la idea de igualdad y de libertad que debe regir, no sólo para el hombre, también para la mujer. De todos modos, creo que la llamada guerra del velo se ha exagerado, como demuestra Pierre Tevanian en su libro El velo mediático. En este libro, el filósofo explica el falso debate en el que ha caído Francia a partir de unas digresiones mediáticas de enormes proporciones, que han conducido a una Ley del velo represiva y a la no escolarización de adolescentes.



—¿No cree usted, sin embargo, que, en lo que al islam se refiere, parece claro que en estos momentos al menos, el velo es un instrumento político/religioso que, además, trata de ocultar a las mujeres?


Recuérdese si no, cómo una de las primeras medidas que tomaron aquellos imanes que llegaron a las barriadas europeas fue la de imponerle el velo a las mujeres. ¡Y sus seguidores masculinos apoyaron enseguida esta decisión porque era una forma de ejercer su poder sobre ellas y de realizarse! La realidad, hoy, es que, veinte años después, la presión es tal que muchas mujeres, por ejemplo aquí, en Tánger, ya no se atreven a salir a la calle si no lo hacen con la cabeza cubierta; no pueden soportar las miradas insidiosas e insultos que reciben. Y no estoy hablándole sólo de aquéllas que por convicción religiosa han decidido velarse, no; le hablo, sobre todo, de la presión integrista. ¿Qué opina usted al respecto?


La comisión que presidió Bernard Stasi, en Francia, ya puso la primera piedra en diciembre de 2003 para corregir este hecho en el ámbito de Europa. Al emitir su informe intentaba sentar unas bases que sirvieran de cauce para atajar este problema que tanto molesta a muchos europeos; sobre todo a las mujeres europeas, creo yo. Pero no sé si de momento pueden extraerse ya conclusiones; habrá que esperar algún tiempo más para ver qué resultados se obtienen de esa ley promulgada en marzo de 2004. Francia ha tomando como base el “Informe Stasi” para reflexionar sobre el velo, cierto. Aunque me temo, insisto, que se está exagerando un poco con todo esto...


¿A qué nos referimos cuando hablamos de “símbolo ostentoso”?


El velo también puede ser un asunto trivial y de moda... Hay modistos europeos que lo están utilizando en sus colecciones. No, en serio, lo que quiero decir es que el velo, sin duda, representa también una forma de protesta, una reacción contra la exclusión; una protesta visible contra los conflictos armados que mantiene Occidente en países musulmanes... Hay que tener cuidado, repito, en cómo se aborda este tema, no vaya a ser que caigamos en lo que algunos autores, como el analista político del islam Gilles Kepel han empezado a llamar ya “la revancha de Dios”, y al final más que un fenómeno de reislamización creciente, lo que se esté produciendo y promoviendo también sea un nuevo movimiento de recristianización. Si nos atenemos a lo que está pasando en Estados Unidos, esto que digo no es tan descabellado.



—Usted se mueve en un espacio que, entiendo, intentará que sea neutro para no tener que estar todo el tiempo dando explicaciones, ¿no? ¿Desde esa situación, cómo ve la relación Oriente / Occidente de la que tanto se habla? ¿Cómo podrá desmontarse ese imaginario que unos y otros manipulan tratando de que el viento sople siempre a favor?


En mi opinión, creo que corresponde a los intelectuales, a los de verdad, aportar las ideas necesarias para encontrar soluciones. Pero los políticos no parecen dispuestos a escucharles; no tienen mucho interés en ahondar en esas propuestas que a veces se les hacen; quizá porque no les convienen; porque van en contra de sus intereses, no sé. Por otra parte, hoy prima la política espectáculo y lo que interesa es el corto plazo, las elecciones próximas, cómo mantenerte el mayor tiempo posible en el poder; la agenda diaria, la foto inmediata... Y a casi nadie le preocupa ni ocupa el diseñar un proyecto de cara al futuro que nos ayude a encontrar soluciones; y no hablemos ya de un proyecto que permita abordar a fondo los problemas que existen entre las regiones.
—O sea, lo que decíamos antes, ¿no? Europa ha estado medio siglo anegada de éxito... Y ahora parece que despierta de un sueño: todo el mundo habla de inmigración como si fuera algo nuevo, cuando hace cuarenta años al menos que empezaron a llegar inmigrantes.Efectivamente, este es el problema. Europa ha creído que iba a tener mano de obra barata de por vida; emigrantes de ida y vuelta; emigrantes que un día volverían a sus países de origen sin más. Seguramente pensó que con sólo ofrecerles trabajo, vivienda, asistencia sanitaria, cierto apoyo social... iba a ser suficiente para que, los que se quedasen, se convirtieran en europeos. ¡Pero mira qué error! Ahora descubre que no, que la tercera generación de inmigrantes está más alejada de la cultura europea que nunca. Más, incluso, que sus abuelos.
—En cambio, usted sí parece que haya encontrado el camino para esa integración... No se le ve mal; parece usted cómodo, ¿no?


Yo he optado por la laicidad y así me va bien. En mi caso no vivo ningún trauma religioso, ni angustia por esto. Mi mujer es cristiana; mi hijo, de “las dos” [sonríe]. Yo respeto a mi mujer y ella a mí. Respetamos también nuestro entorno y a nosotros nos respetan. En el espacio público soy como cualquier otra persona. La religión, en mi vida diaria, se circunscribe al ámbito privado.



—Que sería lo ideal que así fuese para todos ¿no?


Creo que es la única solución. Que todos: musulmanes, cristianos, judíos... dejemos a un lado parte de nuestra idiosincrasia, nuestro pasado, para crear un lenguaje común a partir de la razón, como he dicho. No sólo los musulmanes; también los cristianos deben hacer este esfuerzo. Porque, no crea, también los cristianos se aferran a una fe poco útil para gestionar el espacio social; mire si no cuantos de sus signos religiosos aparecen todavía por doquier, en edificios y espacios públicos. Y ahí está la polémica suscitada a raíz de si se incorporaba o no el matiz religioso cristiano a la Constitución europea. ¡Y no hablemos de los partidos políticos que se llaman cristianos! Como ve, en Europa se utilizan diversos raseros para medir... Y a continuación los europeos gritan y se preguntan qué hay que hacer para entendernos. Pero si Occidente quiere de verdad tener en Europa a otros pueblos —pueblos que profesan otras religiones—, “deberá empezar por decidir si acepta a los musulmanes o no”, como dice el marroquí / holandés Ahmed Aboutaleb, secretario de Estado de Asuntos Sociales en el gobierno de coalición de centro izquierda que se constituyó en Holanda en marzo de 2007. Porque se trata de eso, de saber si realmente Europa quiere que nos quedemos o no aquí, o que nos vayamos.



—¿Y qué hay de ese multiculturalismo del que tanto se abusa en innumerables discursos?


Podría ser una vía de solución.Podría... Podría... De hecho todos debemos aportar nuestro grano de arena, ideas y alternativas, en este sentido. Pero hasta ahora sólo ha habido opiniones. En el caso de Francia... Aquello de libertad, igualdad y fraternidad para todos, no ha sido cierto; como no lo ha sido en otros países europeos, supongo. Y ahora se rasgan las vestiduras cuando descubren que el 65% de jóvenes de origen magrebí, según las encuestas, viajan a la tierra de sus antepasados en busca de esposa. ¿Por qué? Yo se lo diré: Porque no sienten que esta consigna —libertad, igualdad, fraternidad para todos— les concierna a ellos; a ellos no le dice nada eso de la igualdad, por ejemplo. Así que, ¿de qué multiculturalismo estamos hablando?



—O quizá vuelven, más bien, por lo que decíamos antes: como un acto de rebeldía y afirmación personal frente a un mundo que les ha dejado de lado. Tal vez esta forma de viajar al pasado es la forma más fácil de protestar, de reivindicarse. Al fin y al cabo el pasado siempre lo tenemos ahí; para todos es una tentación refugiarse en él, ¿no? Y, para muchos musulmanes... con los beneficios que les ofrece el integrismo religioso..., quizá más.


¿Qué opina usted?


Supongo que algo de esto hay. Cuando aflora ese sentimiento, que llamamos de identidad, lo que se percibe enseguida es la exclusión; también la llamada de una fe que hoy les apoya, desde luego, tiene mucho que ver en el comportamiento de todas estas personas. No sé... Yo vivo en Andalucía. Y en Andalucía, por ejemplo, hay un desconocimiento bastante grande del mundo musulmán, a pesar de que vivamos tan cerca. ¡Todo lo que se refiere a nosotros se expresa con tópicos! Lo de la interculturalidad es pura entelequia todavía. Muchos tenemos pasaporte español, creemos estar integrados, y, sin embargo, se nos excluye por la simple razón de ser magrebíes de origen. Y lo cierto es, pienso, que muchas de estas personas podrían hacer una labor sindical, política o docente importante, pero se encuentran con la consabida discriminación a priori. Esto sólo lleva a un camino: al del resentimiento. Y con los resentidos ya se sabe qué ocurre; lo primero que hacen es refugiarse en lo que conocen y sienten más fuerte: el pasado, la religión.
—Es cierto que Occidente discrimina y excluye; es verdad. Pero, si esta integración plena que usted reclama, en todos los órdenes, llegase, ¿podría mantenerse en Europa, con una sociedad mayoritariamente laica, una relación fluida y profunda con personas que anteponen su fe religiosa a la laicidad a la hora de entablar un diálogo? Bueno, el fenómeno de la enfermedad de religiosidad del islam, por llamarlo de algún modo, es algo de ahora. En muchos países musulmanes: Marruecos, Túnez..., entre otros, hace 20, 30 años, las mujeres se quitaron el pañuelo con el claro deseo de emanciparse. Esto tiene que ayudarnos a tener esperanza y a pensar que lo que ocurre puede ser reversible.
—No le negaré, Mustafa Akalay, que Occidente refuerza también, con todas las armas que tiene a su alcance, incluso metiendo no pocas veces la religión por medio, su discurso dominante —como la inmigración musulmana refuerza el suyo, claro, apelando a la fe y al velo, por ejemplo—, pero, como usted muy bien sabe, Occidente ha librado innumerables batallas hasta llegar a poder manejar este discurso laico que permite que hoy los ciudadanos europeos gocen de amplios derechos civiles y libertades individuales. Y, claro, esto choca frontalmente con el fundamentalismo religioso musulmán. Le insisto otra vez en esto porque creo que este es un tema clave para la convivencia amistosa.


¿Puede haber puentes cuando se parte de planteamientos y argumentos diferentes?


Tánger podría ser ese ejemplo que buscamos... Aquí convivieron gentes de muy distintas culturas y condición; varias religiones. Para que esa convivencia fuera efectiva, se fortaleció un espacio público y político común e inviolable; regido por unas reglas que igualaban a todos. Si esas reglas son claras y justas, yo creo que no tiene por qué haber problemas de convivencia. Creo que todos tenemos que aceptar la razón como principal instrumento para gestionar ese espacio político. Y hay que separar, con absoluta claridad, el espacio social del religioso. Y tendría que haber además una predisposición al consenso; consenso que sólo se logra educando a la gente.
—Pero la realidad es la que es, ¿qué puede hacerse mientras llega esa educación de la gente?


Pues seguir trabajando; hay que combatir esas posturas dogmáticas y esas palabras grandilocuentes y huecas que lo único que hacen es entorpecer el diálogo y no nos conducen a nada. Como ha dicho el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun, “no hay choque de civilizaciones sino de ignorancias”. Porque todas las culturas están interrelacionadas; las culturas viajan. Así que establecer exclusiones o querer primar o promover privilegios de unos sobre otros es de ignorantes. Todos tenemos, de algún modo, alguna parte que nos une a los otros. Lo que el mundo árabe quiere, creo yo, es que Occidente le mire de igual a igual; no desde arriba. Yo pienso que así se acabarían los malentendidos y podríamos empezar a entendernos de verdad.



—¿No se simplifica mucho hablando sólo de ignorancia?


No parecen ignorantes, precisamente, quienes dirigen los movimientos más radicales del integrismo; o los que abogan por la confrontación sistemática desde una y otra parte; más podríamos pensar que se trata de intereses concretos: del control de las fuentes de energía, del petróleo, por ejemplo.Claro, claro. La radicalización es por ambas partes, sin duda. Y esto tampoco debe olvidarse.


¿Qué puede decirse de George Bush, de Osama Bin Laden?


Si no fuera porque es algo terrible lo que está ocurriendo, con miles de víctimas en todo el mundo por medio, podríamos pensar que están compinchados... Cuando uno ataca, el otro responde... Lo que los occidentales han de entender, y aceptar convencidos, es que la mayoría de los musulmanes estamos en medio y nada tenemos que ver con Bin Laden.



—Ahora parece que Europa se está planteando un nuevo rumbo respecto a la inmigración; por ejemplo, empiezan a promoverse cambios legales. Aunque para los musulmanes las medidas que se anuncian son medidas polémicas, incluso injustas. Algunos las creen racistas. Pero como dice la responsable de políticas sociales y de integración en el Ayuntamiento de Amberes, Mónica De Coninck, “hemos luchado mucho por los derechos de las mujeres, de los homosexuales... Y no vamos a permitir que nadie destruya lo conseguido”. Pero aún son muchos los que creen que cada cultura debe funcionar a su aire en ese espacio común que es Europa. Y a esto De Coninck, responde: “Quien quiera vivir aquí tiene que adaptarse a las reglas. La comunidad musulmana tiene que adaptarse a nuestro modo de vida, y no al revés”.


¿Qué opina usted?


Bueno, a ver qué resulta de esta propuesta y otras como ésta. Porque durante medio siglo se ha estado en Europa utilizando un doble lenguaje. ‘Sí, os queremos; pero os queremos sumisos, marginados, que no deis guerra, que os quedéis en vuestros barrios’. En Francia... En Alemania, en Holanda... En Bélgica, por supuesto. En todas partes ha sido así. Nicolás Sarkozy, candidato de la derecha francesa a la presidencia de la República y actual ministro del Interior, ha utilizado, sin ir más lejos, a los imanes franceses pidiéndoles que hicieran “algo” para tranquilizar a la población musulmana. Supongo que a cambio de otros favores, claro. Es decir, me parece bien que las reglas occidentales, o las que sean, sirvan para todos, pero promoviendo trato de iguales y en las mismas condiciones. En igualdad de derechos y en igualdad de deberes, también; con el firme objetivo de conseguir el mismo nivel de desarrollo y de integración para la población inmigrante que para la autóctona. Ya lo he repetido varias veces aquí: sencillamente, este es sólo un problema de exclusión social. Exclusión, es la palabra. Ya en la época de François Mitterrand se percataron en Francia que miles de personas inmigrantes vivían marginadas... Y un marginado ya se sabe en dónde o en qué puede acabar. Así que... Que nadie ahora se rasgue las vestiduras. Eso sí, luego hacemos discursos bonitos, con bellas palabras, o recurrimos al fantasma del miedo, y surge el deseo de protegerse, la extrema derecha, etcétera. El problema a mi modo de ver es bien sencillo: como somos árabes, magrebíes, musulmanes... se nos margina.



—De todos modos, intentemos mirar al futuro sin miedo... Proponga usted algo para romper esta especie de atrincheramiento de una y otra parte.Creo que antes he propuesto algunas ideas...


La integración debe ser económica; eso está claro; es lo primero. También todo el mundo debe tener las mismas posibilidades de participar en la vida social. Ya he hablado de lo que ocurre en España; en Andalucía en concreto, que es la autonomía que mejor conozco. En Europa... En Europa, en general, sólo en casos muy concretos se aceptan musulmanes en la política y / o en otras responsabilidades de la vida social; y eso después de mucho batallar. Lo que hay que hacer, si se es progresista de verdad, si de verdad quiere abrirse Occidente a estos nuevos ciudadanos, se llamen como se llamen y recen como recen, es impulsar esas normas que hagan efectivos estos nuevos pensamientos de integración.—Sí, parece que ahora Occidente quiere de veras incorporar a los musulmanes a al espacio social europeo. Aunque a cambio pida, como explica Mónica De Coninck, el reconocimiento de “nuestro modo de vida y no al revés”. Y es que a Occidente, a un occidental en general, le chocan no pocas cosas de las que están ocurriendo: que una funcionaria que atiende una ventanilla se cubra la cabeza, que la hija o el hijo mayor de edad tenga que pedir permiso paterno para casarse, que el hermano mande sobre la hermana, que miles de europeos (así reza en sus pasaportes) viajen a miles de kilómetros para buscar entre las mujeres de allá una esposa... que se nieguen a aprender la lengua... Sí, ya sabemos que no se hicieron bien las cosas entonces, que nunca hubo un intento de integración real y de todos los inmigrantes... Pero...Creo, que, si se le reconoce de verdad, ¡pero de verdad!, a cualquier persona el derecho al trabajo, el acceso a la cultura, y en general a la vida social, esa persona se integra.
—También le digo que Occidente reconoce hoy ¡y lo acepta! que no ha explicado bien su sistema social, sus valores; que no se le ha entendido bien cuando dejaba que cada cultura se desarrollase a su manera. Quizá porque le convenía que fuese así; esto ya lo hemos dicho. Pero ahora, ante la que se viene encima, ¿no tiene usted la impresión de que ha llegado ya el momento de poner orden en todo esto de una vez?


Se ha perdido medio siglo, de acuerdo, pero, si aún hay remedio...


¿Qué puede hacerse para parar el integrismo?


Crear desarrollo; empleo; facilitar el consumo a los que todavía no tienen acceso a él... Y luego impulsar lo que he dicho: una igualdad real y el acceso a la ciudadanía; en pocas palabras: ¡que haya una justicia real! España puede servirnos de ejemplo, en este sentido. Para los españoles no hace tanto que la religión era el motor de su vida social; y ahora casi nadie va a misa, aunque siguen celebrándose las fiestas religiosas con pompa y participación del poder. Pero, en general, el desarrollo económico, y el consiguiente progreso social que ha experimentado el país ha liberado a los españoles de estas ataduras y creencias atávicas que tanto interferían en sus vidas, en la política, y en la gestión del espacio público. En definitiva, el consumo, la simple posibilidad de poder consumir, parece que es un arma eficaz, una buena medicina, contra el fanatismo religioso y el integrismo radical. Porque si uno disfruta de las cosas, si tiene libertad, puede que se olvide más fácilmente de martirizarse en su vida diaria, social, con la religión.
—Pero, permítame que le insista, los occidentales perciben que, en concreto los musulmanes, no tienen demasiado interés en incorporarse a un espacio común europeo.Claro, han pasado tanto tiempo excluidos...


Pero yo creo firmemente que todas las partes han de hacer un esfuerzo para corregir esto y entrar en la senda de la razón. Porque, queremos o no, este es el hábitat que tenemos. Europa. Porque no creo yo tampoco, que ahora, a la gente inmigrante les vaya a ser fácil retornar a sus países de origen, no. No hay vuelta a atrás; así que hay que evitar por todos los medios que por llamarse Mohamed, por ejemplo, se te niegue el trabajo. Además, paralelas a estas acciones hay que empujar las religiones, ¡cualquier religión!, al ámbito de lo privado. ¡Que la religión sea sólo una cuestión privada! Finalmente, hay que fomentar la participación política de los inmigrantes, aceptando, incluso, que hay inmigrantes derechas. ¿Por qué no? Como en cualquier sociedad que se considere plural, esto debe entenderse como algo normal.



—¿No cree usted que en el fondo del fondo, si se puede decirse así, lo que falla, en última instancia, es la asimilación, en general, de ese concepto que representa ser ciudadano?


Un concepto que por unas u otras razones no parece haber calado en la mayoría de los inmigrantes.A lo mejor no se le ha explicado bien. Probablemente en Europa nadie quería que fueran ciudadanos de verdad... ¡Ciudadanos, ciudadanos! Los mismos europeos tienen, eso se ve, múltiples dificultades para serlo a veces! ¡Así que, qué le vamos a pedir a los inmigrantes...! Insisto en lo mismo: En Europa hay ciudadanos de primera y luego están los demás...


¿Puede aspirarse a ser ciudadano de primera cuando constantemente te topas con inconvenientes que te hacen ver que es casi imposible lograrlo?


Supongo que muchos de los que lo intentan se desaniman.



—Usted, que es musulmán... ¿qué tal lidia con el concepto de laicidad?


Aunque soy musulmán por religión y cultura, me considero un agnóstico. Mi evolución viene de lejos, de la primera juventud; de cuando empecé a militar en política: el marxismo, el leninismo, la Ilustración y filósofos como Max Weber y Pierre Bourdieu o el psicoanalista Sigmund Freud, me influyeron notablemente y de tal forma que me llevaron a una profunda reflexión... Y de aquella experiencia... hasta ahora. Pero no quisiera dejar pasar la ocasión de decir —y esto es muy importante— que también nosotros, los musulmanes, tenemos en nuestra cultura el concepto de laicidad arraigado de alguna manera. Pensadores como el jurista tunecino Yadh Ben Achour decía, en 1992, que ‘la laicidad se encuentra en el mismo corazón de la historia política y cultural del islam’; y el escritor Tariq Ramadan afirmaba recientemente que “la laicidad no es incompatible con el islam”. Son muchos los intelectuales del mundo musulmán los que han analizado y desarrollado este concepto. Por lo tanto no estoy diciendo nada nuevo si afirmo que la razón y la religión musulmana podrían algún día convivir sin que entre ellas hubiese interferencias.



—En cualquier caso, usted no deja de ser una persona singular; de frontera.


Así es. Aunque me considero un tangerino apegado a mi ciudad; un espacio de confluencia de culturas... Un intelectual fronterizo, sin duda. Y gracias a lo que soy puedo decir que me va bien con mi mujer y mi hijo, con la gente que frecuento en España, Francia y Marruecos; con mi familia, de la que he de decir que me acepta sin ningún problema... A este respecto soy como todo el mundo: respeto las creencias de cada cual, y si mi madre me pide que la lleve a la Meca, la llevo; o si tengo que asistir a un entierro cristiano, asisto. Lo que tengo claro, repito, es que hay que sacar la religión de la esfera social; esa es la laicidad.



—Finalmente, ¿cree usted que puede haber democracia, cuando la religión es la que manda?


Yo no soy partidario de ninguna teocracia... ¡Pero de ninguna! Y en Europa, le recuerdo, aún hay partidos que se denominan “cristianos”; partidos que gobiernan y han gobernado, aunque aceptan, es cierto, las reglas del juego de la democracia.La clave, sin duda, es el respeto a la Carta Magna, a la Constitución. A mi todo lo que huela a simbología religiosa en el espacio público no me gusta... Sí entiendo que pueda enseñarse en la escuela la historia de las religiones por la trascendencia que estas han tenido y tienen en la evolución y comportamiento de la humanidad.